Congreso - 03/11/2026

Entre flores, música y memoria: San Luis Potosí celebró el Día de Muertos entre la tradición y la tragedia

El aroma del cempasúchil, el murmullo de las familias y las notas de tríos y mariachis marcaron el paso de una de las celebraciones más arraigadas en San Luis Potosí. Desde las primeras horas del 1 de noviembre, los panteones comenzaron a recibir a quienes, cargados de flores, alimentos y recuerdos, acudieron a encontrarse simbólicamente con sus seres queridos. Por unas horas, la distancia entre la vida y la muerte pareció hacerse más corta.

En la capital potosina, el panteón de El Saucito se convirtió nuevamente en uno de los principales escenarios de la conmemoración. Desde la madrugada, sus puertas permanecieron abiertas durante 48 horas continuas para recibir a miles de visitantes. Las calles aledañas fueron objeto de cierres viales y se desplegó un operativo de seguridad con 100 elementos por turno, además de restricciones al consumo de alcohol dentro del recinto.

No fue el único camposanto que concentró la memoria de las familias. Españita, El Morro y Valle de los Cedros también registraron una importante afluencia. En sus pasillos, las tumbas se cubrieron de arreglos florales, mientras padres, hijos y abuelos limpiaban lápidas, colocaban ofrendas y compartían alimentos en honor a quienes ya no están.

Tan solo durante el sábado, las autoridades contabilizaron más de siete mil personas en El Saucito. La cifra reflejó una tradición que se resiste al paso del tiempo y que, lejos de limitarse a una visita solemne, transforma los cementerios en espacios de convivencia, música y celebración.

A las afueras de los panteones, la tradición también se hizo sentir en los bolsillos. Los comerciantes de flores encontraron en estas fechas uno de los momentos de mayor actividad, aunque con precios que variaron considerablemente. Un ramo de rosas podía alcanzar los 600 pesos, mientras que las gerberas y el cempasúchil se ofrecían alrededor de los 50 pesos, alternativas para quienes buscaban mantener viva la costumbre sin gastar demasiado.

La preparación de los camposantos comenzó mucho antes de la llegada de los visitantes. Personal de Servicios Municipales retiró más de 500 toneladas de basura para acondicionar los espacios y garantizar condiciones adecuadas durante la jornada. Al cierre de las actividades, la coordinación entre corporaciones de los tres niveles de gobierno permitió reportar saldo blanco en la zona metropolitana.
Pero si en los panteones de la capital predominó el recuerdo familiar, en la Huasteca la memoria tomó otra forma: bailó, recorrió las calles y se convirtió en una fiesta colectiva.

El Xantolo volvió a demostrar por qué es una de las expresiones culturales más representativas de San Luis Potosí. Las comparsas, las máscaras, los personajes tradicionales y el sonido de la música huasteca dieron vida a una celebración en la que la muerte no representa únicamente una despedida, sino también un motivo para reunirse, agradecer y festejar.

La tradición trascendió las fronteras de la región. En la capital potosina, un desfile monumental reunió a más de tres mil 500 participantes, mientras municipios como Ciudad Valles, Axtla de Terrazas y Matehuala organizaron sus propias actividades para recibir a habitantes y visitantes.

En Ciudad Valles, el Festival Xantolo 2026, denominado Entre la Vida y la Muerte, congregó a miles de personas en torno a su desfile de comparsas. Uno de los momentos simbólicos fue la bendición del monumental arco de muertos, instalado en la calle Abasolo, una representación que recordó el significado espiritual y comunitario de esta festividad.

La celebración también tuvo repercusiones en la actividad turística. Ante la llegada de visitantes, el servicio de transporte Red Metro operó a su máxima capacidad, con Matlapa como el municipio que registró el mayor flujo de pasajeros. Por su parte, la Secretaría de Turismo estatal proyectó una derrama económica metropolitana de 251 millones de pesos y una ocupación hotelera cercana al 99 por ciento en la región Huasteca.

La celebración no se concentró en un solo territorio. En las cuatro regiones del estado, las comunidades encontraron distintas maneras de honrar a sus difuntos y preservar sus costumbres.

En Cerro de San Pedro, el histórico pueblo minero se convirtió en escenario del Festival de Día de Muertos 2026. Entre mojigangas, concursos de piñatas y expresiones artísticas, destacó la participación de la comparsa Yankuik Jacarandosos, originaria de Axtla de Terrazas. Su presencia llevó hasta el Altiplano la energía de las danzas huastecas y una de las ideas que mejor resumen el espíritu de estas fechas: los vivos bailan para que los muertos no sean olvidados.

En Matehuala, el encendido del altar más grande del Altiplano Potosino concentró las miradas de habitantes y visitantes, mientras que en Cerritos el Panteón Municipal abrió sus puertas a una programación que combinó arte, historia y música.

Las presentaciones del Grupo Artístico San Antonio, los recorridos narrativos por las tumbas de personajes históricos y las interpretaciones del Trío Huasteco Herederos del Son permitieron que los asistentes conocieran parte de la memoria local en un escenario donde el pasado y el presente se encontraron.

Así, entre altares, comparsas, música y relatos, el Día de Muertos volvió a mostrar la diversidad cultural de un estado en el que cada región tiene su propia manera de recibir a quienes regresan simbólicamente durante estas fechas.

Sin embargo, no todas las escenas estuvieron marcadas por la alegría. En el Pueblo Mágico de Xilitla, la celebración tuvo un episodio de angustia cuando un puesto de pirotecnia instalado en el exterior del Panteón Municipal explotó durante la tarde del lunes.
La detonación provocó momentos de pánico entre quienes se encontraban en las inmediaciones y desencadenó un incendio que alcanzó a vehículos estacionados en la zona. Lo que hasta entonces era una jornada de convivencia se convirtió en una emergencia que movilizó a los cuerpos de auxilio.

El Ayuntamiento confirmó posteriormente que cinco personas resultaron lesionadas: tres menores de edad, Kevin y Camila, ambos de 13 años, y Juliana, de 16; además de Margarita, de 63 años, y Jorge, de 19.

Los cinco fueron trasladados a hospitales para recibir atención médica y, de acuerdo con la información oficial, se encontraban estables.
Pese al incidente, las actividades continuaron en el municipio. El Zócalo volvió a llenarse de asistentes para presenciar el tradicional concurso de comparsas de Huehues y máscaras, una expresión que forma parte de la identidad cultural de la región.

Al final, el Día de Muertos 2026 dejó en San Luis Potosí una colección de imágenes difíciles de separar: familias reunidas alrededor de una tumba, pétalos de cempasúchil sobre las lápidas, comerciantes ofreciendo flores, músicos acompañando los recuerdos y comparsas que hicieron bailar las calles de la Huasteca y el Altiplano.

También dejó cifras que dimensionan el alcance de la celebración: miles de visitantes en los cementerios, cientos de toneladas de basura retiradas, una importante movilización turística y una derrama económica proyectada en millones de pesos.

Pero más allá de los números, la jornada volvió a poner de manifiesto el significado de una tradición que atraviesa generaciones. En San Luis Potosí, recordar a los muertos no significa detener la vida. Significa compartir los alimentos que les gustaban, llevarles flores, contar sus historias y, en la Huasteca, bailar al ritmo de los Huehues para mantenerlos presentes.

Entre la solemnidad de los panteones y la energía del Xantolo, el estado volvió a celebrar la memoria. Una fiesta de colores y contrastes que también tuvo momentos de dolor, pero que confirmó que, mientras existan familias dispuestas a recordar y comunidades decididas a preservar sus costumbres, la tradición seguirá viva.